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Curva de MacLeamy · Caso real

Hace unos (pocos) días, en una reunión de proyecto, volvió a aparecer algo que llevamos años viendo… pero que solo se entiende de verdad cuando te pasa.





Estamos trabajando en la implantación de un parque temático. Parte del diseño nace de un movimiento de tierras con una geometría poco habitual: una topografía artificial que no solo tiene que “verse bien”, sino funcionar, consolidarse correctamente y soportar una instalación concreta.


Sobre planos 2D, todo parecía encajar. Cuando entramos en el modelo 3D, no tanto. Al recorrer la geometría con una herramienta de visualización, fue evidente que algunas decisiones, tal y como estaban planteadas, podían derivar en soluciones más complejas y

más caras de lo previsto. Nada dramático… si se corrige a tiempo.


Y ahí está la clave.


Ese análisis provocó una reunión urgente para estudiar alternativas. No porque hubiera un error grave, sino porque todavía estábamos en fase de proyecto. Un poco más tarde, con obra avanzada o contratos cerrados, cualquier ajuste habría sido muy costoso.


Esto conecta directamente con la conocida Curva de MacLeamy:al inicio del proyecto, decidir tiene mucho impacto y poco coste.A medida que avanzamos, las opciones disminuyen… y el coste de cambiar se dispara.


BIM no evita los problemas.Lo que hace es ponerlos delante cuando aún son solo geometría, no hormigón, plazos o reclamaciones.


Y muchas veces, eso marca la diferencia.






Para quien quiera profundizar o refrescar conceptos. Nunca es tarde, ni para quien ya trabaja con BIM ni para quien se acerca ahora. En las páginas de buildingSMART hay recursos claros para entender los principios de la metodología, empezar desde cero o volver a lo esencial con otra perspectiva.

 
 
 

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